BIBLIOGRAFÍA

Gaucin. 1742 - 1814
AUTORMartin de Molina, Salvador
EDITORIALCocoa. Cordoba
AÑO2005
TEMABiografia
ÍNDICE
COMENTARIOS
Vida, trabajos, avatares, gesta y vindicación del Brigadier ... Don Josef Serrano Valdenebro, jefe de la guerrilla de la Sierra Meridional, con cuartel general en la mencionada villa malagueña de Gaucín, durante la guerra contra el invasor francés.
Prólogo de José Faura Martín:
Me siento algo confundido al iniciar el prólogo de este libro sobre el Jefe de Escuadra y Mariscal de Campo Don José Serrano Valdenebro. Su extraordinaria personalidad, la compleja situación del momento histórico en el que hubo de desenvolverse y los datos contradictorios que nos han llegado estructuran un complejo panorama del que es difícil extraer un hilo conductor de sus actividades profesionales. Por ello me siento obligado, antes de nada, a felicitar a Salvador Martín de Molina por su extraordinaria labor de investigación y, muy especialmente, por el intento que supone este libro por sacar del olvido a este profesional de las armas que llenó unos años transcendentales de la historia de la Serranía de Ronda, pero que ha dormido en el difuso recuerdo de unos pocos, con peligro cierto de desaparecer de la memoria de todos. Sea, pues, bienvenido este trabajo sobre un militar cuya generosidad le llevó a traspasar, en el campo profesional, los límites del heroísmo, sin escatimar sacrificios de todo tipo, impulsado, probablemente, sólo por la fascinación de una tierra cuyo embrujo envuelve y tiraniza, ya para siempre, a cuantos hemos vivido en ella.
Por ello, al hablar de su decidida "voluntad de vencer" (principio fundamental del arte de la guerra que lleva grabado en su temperamento como una característica congénita) no podemos eludir la consideración del magnetismo que esas tierras ejercen sobre sus connaturales. Pero este estímulo, que por sí mismo sería más que suficiente para justificar su actitud levantisca, se ve acrecentado por el comportamiento de los invasores que, permanentemente, no cesan de provocar con sus abusos a una población pacífica que sólo reaccionó cuando se sintió humillada y herida en su amor propio.¿Cómo quedar impasible ante los horrores que los franceses cometen y que Serrano aprecia de forma directa? o ¿cómo se podría entender que no reaccionara cuando compatriotas "afrancesados" declinan su gallardía y, en ocasiones, su honor para ganarse las simpatía de los invasores? Su gran amor a España está concentrado en ese trozo de nuestra geografía que él conoce como nadie.
Sus modos operativos y sus procedimientos disciplinarios, criticados por no pocos, son una consecuencia del convencimiento que tenía de su aplicación para manejar a hombres, difíciles de manejar que él ha convertido en aguerridos combatientes que ponen en juego, diariamente, sus propias vidas. Aunque, como buen jefe, supo ganarse el respeto y el afecto de su gente, no siempre fue reconocida su condición de líder fuera de la zona, especialmente en los despachos donde con soltura se suelen mover los aspirantes a todo sin aportar más que sus calumnias e infamias.
Estos enfrentamientos no son más que la secuela de una situación socio-política muy delicada. No podemos olvidar la situación caótica de la administración central, manejada por elementos extraños, sin aportar el imprescindible vínculo que aunara la volunta de los españoles. Este vacío era el caldo de cultivo propicio para la aparición de caudillos locales o regionales, con criterios y objetivos que, en muchas ocasiones, eran antagónicos con los del vecino, propiciando enfrentamientos cainitas que sólo favorecían al enemigo común, el francés. La visión particularista de los problemas les restaba profundidad a los planteamientos que, en el mejor de los casos, adolecían de la coordinación necesaria para alcanzar objetivos de importancia.
Quizás sea éste uno de los rasgos que con mayor fuerza incide en el devenir de nuestro personaje. Porque los orígenes de estas desavenencias habría que buscarlos en la confrontación que, en la mayor parte de las situaciones críticas, se producen entre el estamento político y el militar. Y no es que la causa de ello se deba a la lucha por la hegemonía de uno de los dos poderes, que siempre debe estar en la parte política, pero sí como la expresión, al igual que ocurría en tantas otras cosas, de una sociedad enferma. Es fácil entender que sentaran mal los cambios de criterios en la conducción de la guerra, especialmente si estos influían sustancialmente en la conducción de las operaciones; otro tanto podría decirse de las decisiones precipitadas o del relevo de la Jefatura de las Tropas combatientes con marcada incidencia si se debían a razones espurias.
Serrano fue víctima de estas irregularidades en diversas ocasiones. El conocía como nadie los vericuetos de una zona cuya orografía, per se, es un auténtico laberinto. Se movía permanentemente sin presentar un frente que el enemigo pudiera batir con su descompensada superioridad. Sus unidades eran ágiles y flexibles, lo que le permitía sorprender al enemigo, causándole daños de importancia, en lugares insospechados. La respuesta del enemigo solía descargarla sobre núcleos urbanos en los que cometía toda clase de desmanes.
Esta forma de combatir, que se la conoce universalmente como "Guerrilla", tubo su origen en nuestra guerra de la Independencia, y no es más que la lucha del débil contra el fuerte, evitando los frentes convencionales para no ser batidos en una sola operación de forma contundente. Ahora que los medios de combate han evolucionado extraordinariamente, aun cuando la filosofía profunda sigue siendo la misma, a este tipo de enfrentamiento se le conoce como "conflicto asimétrico", cuya representación más genuina es lo que está ocurriendo en Irak.
En contra de lo que pudiera pensarse, Serrano Valdenebro fue un hombre culto, estudioso y reflexivo ("bajo las tiendas de Marte, acampan también las musas", le dice al Príncipe de la Paz, en la presentación de uno de sus libros). Estas características, él las achaca al mucho tiempo que le dejaron postrado sus numerosas heridas. Su preparación y sus capacidades le hacen enfrentarse con temas de mucha altura ("Discursos varios de las artes de la Navegación y la Guerra") y otros de análisis táctico o de Organización militar de ejércitos extranjeros. Quiero resaltar esta condición de Serrano porque, de su trayectoria militar podría deducirse que era un militar rudo, hosco, poco dado a la reflexión y al estudio, cuando realmente, como se puede deducir de la lectura de esta biografía, tenía una faceta de su personalidad, la culta, que él había cultivado con especial cuidado.
Quizás la parte más incomprensible de la biografía de este gran hombre sea el olvido en el que ha estado sumido y, especialmente, el desdén con el que ha sido tratado por sus propios paisanos. Porque, no solo fue una figura de su tiempo, sino que luchó denodadamente por defender la tierra que lo vio nacer y a sus habitantes. ¿Cómo se ha podido quedar sin memoria un pueblo que debería sentir el orgullo de las grandezas de sus hijos?..Ahora, con este testimonio, no se trata de buscar responsables; más bien debería interpretarse como el motivo para revitalizar la figura de este insigne español del que todos debemos sentirnos orgulloso De esta manera, al tiempo que se recupera su memoria, se acrecentaría el orgullo de pertenecer a una tierra que, a la singularidad de sus características, se une la grandeza de algunos de sus hijos.
José Faura Martín *
*El Excmo. Sr. D. José Faura Martín, fue Jefe del Estado Mayor del Ejército en los Gobiernos de Felipe González y José María Aznar (1994-1997), aunque nacido en Ceuta, está muy ligado familiar y afectivamente a Gaucín, cuyo Ayuntamiento le nombró hijo adoptivo del municipio.

Registro Nacional de Asociaciones: Grupo: 1 / Sección: 1 / Número Nacional: 5871160 C.I.F.: G-31886971
FORO PARA EL ESTUDIO DE LA HISTORIA MILITAR DE ESPAÑA. © 2006. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS