BIBLIOGRAFÍA

La Guerra de la Independencia. Una nueva historia.
AUTOREsdaile, Charles J.
EDITORIALBarcelona, Crítica
AÑO2004
TEMAGuerra Independencia
ÍNDICE
Prefacio.9
Mapas.13.

Capítulo l. Lisboa: orígenes de la guerra de la independencia.31
Capítulo 2. Madrid: las insurrecciones ibéricas, mayo-junio de 1808.69
Capítulo 3. Bailén: campaña de verano de 1808.95
Capítulo 4. Vimeiro: la liberación de Portugal, agosto de 1808. 121
Capítulo 5. Somosierra: la venganza de napoleón, noviembre-diciembre de 1808.143
Capítulo 6. La Coruña: campaña de sir John Moore, diciembre de 1808-enero de 1809.177
Capítulo 7. Oporto: la conquista frustrada, enero-junio de 1809.203
Capítulo 8. Talavera: caída de la junta central, julio de 1809-enero de 1810. 233
Capítulo 9. Sevilla: el reino bonapartista de España, 1808-1814.265
Capítulo 10. Pancorbo: la aparición de la guerra de guerrillas, 1808-1810. 295
Capítulo 11. Cádiz: preparación de la revolución española, 1810-1812.327
Capítulo 12. Torres Vedras: la defensa de Portugal, julio de 1810-marzo de 1811.359
Capítulo 13. Albuera: empate en la frontera portuguesa, marz0-diciembre de 1811. 389
Capítulo 14. Badajoz: la ofensiva anglo- portuguesa de 1812. 419
Capítulo 15. Burgos: campaña de otoño de 1812.451.
Capítulo 16. Vitoria: derrota del rey José, enero-junio de 1813.481
Capítulo 17.Los pirineos: la invasión de Francia, julio-noviembre de 1813.509
Capítulo 18. Báscara: la paz y lo que pasó después.

Notas.567
Lecturas complementarias.593
Bibliografía.597
Índice alfabético.619
Lista de ilustraciones.643
COMENTARIOS
Guerra de la Independencia. Una nueva historia

“Los hombres se arrodillaron unos junto a otros en la templada noche primaveral. Uno de ellos, un fraile, se inclinó hacia adelante rezando. Se alzaban ante ellos las figuras oscuras del piquete, sus capotes débilmente iluminados por la luz de la luna. A una voz de mando, una docena de mosquetes apuntaron a los prisioneros. En ese momento se produjo un movimiento repentino. Un hombre, irguiéndose al frente del grupo, levantó los brazos bien altos, miró de frente a quienes iban a matarle y abrió la boca por última vez. Demasiado tarde: la descarga se produjo y las balas de los mosquetes derribaron a las víctimas agrupadas. Acaso el oficial que estaba al mando del piquete se preguntara qué había estado a punto de gritar ese individuo: ¿una acusación, una súplica de clemencia, un grito de desafío? Nunca lo sabría. y quizá tampoco le interesara. En tomo al palacio real que se levantaba oscuro a sus espaldas contra el amanecer y a lo largo de las callejuelas que conducían al centro de la ciudad yacían los muertos del combate de la víspera y aún tenía que haber otras ejecuciones. Era el 3 de mayo de 1808.”
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“En el campo de batalla sólo los lamentos de los heridos rompían el silencio de aquella tarde de mediados de verano. A lo largo de la carretera que se dirigía hacia las posiciones españolas yacían esparcidos los cuerpos de las últimas reservas francesas -un batallón de marineros que había hecho un heroico esfuerzo final por romper el cerco--, mientras lo que quedaba de los restos del ejército vagaba por entre las escasas sombras de los bosquecillos de olivos y encinas que cubrían la ladera de la sierra por la que habían subido aquella mañana temprano. Las tropas, completamente exhaustas y atormentadas por el calor y por la sed, no podían seguir luchando. El comandante francés, herido en la cadera mientras se lanzaba a la cabeza de la última carga, al oír repentinamente el crepitar de la mosquetería procedente del puente, por donde habían pasado sus tropas camino del campo de batalla, supo que había perdido la partida. De modo que llamó a un ayudante de confianza y le despachó en dirección a las líneas españolas con instrucciones para negociar una tregua.”
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“Las líneas de la infantería británica estaban expuestas al abrasador sol estival. El humo de la hierba ardiendo se les metía en los ojos, pero apenas los ocultaba del enemigo. A lo lejos, ochenta piezas de artillería les lanzaban aullantes proyectiles de cañón que arrasaban a una fila de defensores o pasaban sobre sus cabezas sin causar daño. Un puñado de cañones de los defensores devolvían el fuego, pero eran muy pocos para que su acción se apreciara, y lo único que podía hacer la tropa era aferrarse al terreno con la esperanza de que pasara la tormenta. Súbitamente se percataron, con enorme alivio, de que las baterías enemigas habían dejado de disparar y de que las oscuras masas de tropas situadas frente a ellos estaban en movimiento. A través del espacio que les separaba se oían los ondulantes redobles del pas de charge. De los tiradores alineados en el frente británico partían disparos, pero aquellos hombres pronto empezaron a retroceder, pues su número era demasiado pequeño para causar ninguna impresión a la formación que iba a caer sobre ellos. Sin embargo, las tropas sabían exactamente qué hacer, y una única andanada disparada en el último momento barrió filas enteras de hombres. Pero los defensores no estaban acabados: enarbolando las bayonetas, se lanzaron adelante con grandes gritos e hicieron correr a los enemigos en busca de seguridad.”
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“La línea española, un variado grupo de soldados de azul, blanco y marrón, intercambiaba descarga tras descarga con sus oponentes. Muertos y heridos yacían esparcidos por el suelo, el fuego de los mosquetes y proyectiles de cañón golpeaba sus líneas y el valle que tenían delante estaba cubierto por un verdadero bosque de franceses; las tropas estaban empapadas, pues el calor del sol de la mañana se convirtió repentinamente en una lluvia torrencial. Con todo, animados por sus oficiales, los españoles defendían su terreno y ni siquiera cedieron cuando una masa de jinetes enemigos, muchos de ellos armados con las largas lanzas temidas por todos los infantes, cayó repentinamente sobre sus filas traseras, clavando y atravesando a todos los que encontraban en su camino, aislando a los casacas rojas fugitivos que corrían ante ellos y rodeando a un grupo de generales y oficiales de estado mayor que habían acudido para observar de cerca el combate. Pese a que muchos de sus camaradas caían al ser alcanzados por proyectiles dirigidos a la caballería desde la retaguardia, un infante desconocido arrebató un estandarte a su portador, y al cabo de más o menos hora y media, cuando se les ordenó retirarse, las filas españolas seguían sin romperse. . Fue, sin duda, el mejor momento del ejército español.”

Los párrafos anteriores corresponden a las primeras líneas de los capítulos 2, 3, 8 y 13 del libro. La descripción que hay cada comienzo tiene la suficiente fuerza atractiva como para no dejar de leer cada capítulo. Si la lectura es apasionante, el contenido no defrauda. Al contrario, cautiva. ¿Qué es esto?

Se trata de un libro de Charles Esdaile que se convertirá en un manual de consulta para los historiadores españoles. También es un documento polémico. La razón se debe a que a ciertos historiadores españoles podrá no gustarles determinadas interpretaciones de la historiografía británica. En el caso de otros libros, la justificación se apoyaba en que la bibliografía manejada por los británicos era exclusivamente inglesa, que faltaban fuentes españolas. Sin embargo en el caso de este libro, en que el empleo de fuentes españolas es más bien abrumador, será difícil recurrir a este tipo de argumentación. Al contrario, habrá que, no solo aceptar determinados criterios que, inicialmente, aparecen como muy negativos, sino profundizar en la razón de esta discrepancia. Pero la realidad se impone de forma implacable, solo tenemos que consultar los títulos del Archivo Histórico Nacional (ver en “Publicaciones” el libro “La Guerra de la Independencia en los archivos españoles”, “pulsar aquí” y con el buscador poner la palabra que nos interese) para comprobar, que hay hechos, como la “deserción” o el enfrentamiento entre las Juntas Provinciales, que aparecen, nos guste o no nos guste, de forma muy amplia y generalizada. Posiblemente a la historiografía española le haya faltado revisiones frecuentes de la Guerra de la Independencia a partir de un punto de vista global, desde el año 1975. La historia española parece seguir algo lastrada por todos los conceptos que se fueron escribiendo en el primer centenario, en 1908, cuando este centenario actuó como una especie de catalizador para rescribir una historia demasiado cargada de unos tintes que ahora se considerarían demasiado “nacionalistas”.. Lo mismo sucede con campañas o determinadas batallas. Las historias escritas en el reino Unido, por desgracia, no funcionaron como elemento compensador sino más bien como revulsivo en los historiadores españoles. El resultado ha sido, que durante mucho tiempo, el desencuentro ha sido un factor muy corriente entre los historiadores de ambos países. España no está actualmente situada en el grupo de los países “enfermos” de Europa, y por lo tanto, puede y debe, no solo afrontar, sino revisar y asumir determinados hechos históricos con un carácter más ponderado para colocarlos en su verdadero contexto.

Una de las razones es que, en cualquier retrato histórico, debe acabar imperando una expresión de incertidumbre y no de certeza. Inicialmente esto puede parecer paradójico, pero nos debe cuestionar, y por lo tanto, considerar que un aspecto irrebatible de cualquier búsqueda es la preocupación por su validez. Un primer paso sería analizar si este libro constituye un resumen de hechos conocidos o más bien, un resumen de varias interpretaciones. Si nos decidimos por lo segundo, comprobaremos que cualquier acontecimiento es en sí mismo una interpretación. En este caso, nos encontraríamos con una historia en donde todo suceso estaría acompañado de interpretaciones conservadoras, nacionalistas, estructuralistas, marxistas, etc. Dispondríamos de múltiples opciones que al describir o juzgar los hechos históricos, acabarían por desconcertarnos. Y esto no es malo, porque a largo plazo la duda genera inquietudes.

En España se han publicado los últimos años excelentes trabajos sobre el conflicto en el plano regional, provincial e incluso local. Pero debemos preguntarnos si se debía haber llevado a cabo un trabajo parecido al de Charles Esdaile. Ahora existe mucha información y los medios que hacen posible su circulación y manejo son impresionantes. Si hiciéramos referencia a varios libros conocidos, entraríamos de lleno en una discusión sobre la valoración de la bibliografía reciente, lo que no es el caso. Podemos ser provocadores, pero siempre con moderación. Solo lo hacemos para estimular. La última aportación de la bibliografía británica o anglosajona difundida en España ha sido la de David Gates en 1987. Posiblemente muy inclinada al aspecto militar. La de Gabriel Lovett se publicó en España en 1975. Tone con ser muy reciente se dedica a la guerrilla.

Inconscientemente o con un poco de maldad entramos en polémicas.

No es sencillo escribir un libro en donde se intente combinar en cada capítulo los aspectos sociales, económicos, políticos y militares. Más aún, no es fácil hacer un resumen. Al resumir, no se puede contentar todos. En determinado capítulo faltará alguna descripción de un hecho que nos parece incompleta. En otro capítulo, la interpretación de un acontecimiento posiblemente no nos gustará. No se trata de eso. Al contrario, el marco general es impresionante y el balance final se puede calificar de magnífico. La lectura del libro nos llevará a darnos cuenta que cada capítulo es un libro en sí mismo y comprobar que Charles Esdaile ha escrito en realidad 18 pequeños libros. Esta es la virtud, si se puede calificar así, del trabajo de Charles Esdaile. Como es un libro de referencia su consulta será obligatoria. Por ello, si un libro es obligatorio, no debe faltar en una biblioteca. La lectura de cada capítulo es un verdadero ejercicio de actualización y la bibliografía final deja obsoleta las nuestras. La lista de Esdaile pone al día nuestras listas de libros y nos obliga a volver a reconsiderar nuestras fuentes de información.

Creo que el autor ha incorporado varias partes de sus libros anteriores como The duke of Wellington and the command of the Spanish Army o el difícilmente localizable, The Spanish Army in the Peninsular War (este es un libro a reeditar y volver a estudiar) lo que en principio puede producir una pequeña sensación de extrañeza. Por ejemplo, si en un capitulo aparecen juicios demasiado realistas – por no decir muy negativos - sobre los ejércitos españoles o la guerrilla, en otros capítulos estos conceptos son muy diferentes al pasar a ser muy positivos. Lo mismo sucede con determinados personajes históricos, que en algunos casos son muy bien valorados, cuando a lo mejor, desde nuestro punto de vista, no se lo merecen, y en cambio, es muy generoso con otros. Evidentemente las interpretaciones son muchas y la polémica, no puede evitarse, más bien está servida. Pero eso es positivo. Se trata, en consecuencia, de que todos participemos de ella con la lectura de un libro que será apasionante leer.

Es una pena que el autor no haya incluido un prefacio para la edición española. Le animamos a que lo haga si se agota esta primera edición.

Agradeceríamos a los lectores que nos hagan llegar juicios o impresiones sobre este libro, para comprobar si estamos o no equivocados al escribir estas líneas.

(Jesús Maroto)

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